E s muy probable que muy pocos hayan imaginado que, en tan corto plazo de tiempo, la tecnología tendría un desarrollo tal, que las personas pueden, instantáneamente, saber si alguien ha recibido o leído algunos de nuestros mensajes o si está escribiendo uno. Las distintas formas de comunicación con las que contamos hoy en día han generado en nosotros una suerte de apuro, un sentimiento de tensión y la necesidad de respuestas inmediatas.
Este sentido de inmediatez, muchas veces, la podemos trasladar a nuestra Fe. Puede suceder que, en ocasiones, tengamos la percepción de que Dios nos ha abandonado porque sentimos que no responde de inmediato a nuestras oraciones y súplicas. En las Escrituras que compartimos hoy podemos ver como el salmista piensa que la demora es más larga de lo que merece, por la difícil situación en la que se encuentra.

Por eso es muy importante comprender que uno de los motivos que mueve la transformación de Dios Padre en nosotros es el cultivo de la Paciencia. Es así como La Palabra del Eterno nos exhorta a no tener sentimientos de frustración y desespero por el aparente retraso de Su respuesta.

Nunca pasemos por alto que nuestro Padre Celestial pretende desarrollar en nosotros la Perseverancia y la Fe necesaria para honrar Su Gloria, servirle con Fidelidad y gratitud y cumplir con el propósito que Él ha diseñado con nuestro nombre. Tengamos serenidad y equilibrio para dejar nuestras oraciones a voluntad de los tiempos del Señor. Su mano restauradora traerá la Paz a nuestros corazones.